Confiar en quien se puede confiar
¿Usted se fía de los árabes?, me pregunta un cliente con el que acabamos de empezar a trabajar y que ha encontrado que para su productos el mercado de los Países del Golfo es muy prometedor.
“Sí”, le respondo sin pestañear, pero añado, “los árabes que yo conozco, y que son de fiar”. Pero como que una relación empresa-consultor no es precisamente una clase de filosofía en la que se puede analizar la estructura de un silogismo, debo continuar: “Como en todas partes hay de todo”, añado. E iba a continuar exponiendo lo que todo el mundo sabe, cuando mi cliente trata de ahorrarme la molestia apostillando a su ves: “Por supuesto, por supuesto, pero es que tienen una fama que...”. “Esta bien”, empiezo por otros derroteros, “hablando de fama, podríamos repasar las crónicas del historiador de Disraeli (21 de diciembre de 1804, 19 de abril de 1881 en Londres), o las de Gladstone, alternativos primeros ministros de Isabel Segunda de Inglaterra en el Siglo XIX, y contemporáneos de la Guerra de Crimen, en las cuales se detalla la estrategia de los ingleses por crear problemas donde no los hay (y que tan eficientemente siguió Henry Kissinger para distraer la atención de las dificultades por las que atravesaba el estado de Israel en su tiempo) para distraer la atención sobre el problema que nos importa solucionar. Sugiero leer a Kapuzinsky o a Edward Said, o un poco más light “La Trastienda del Poder”, para informarse sobre los orígenes de la estrategia que los gobiernos de su graciosa majestad británica utilizaron en la conquista del Imperio Otomano, llamado después de la Primera Guerra Mundial, Próximo Oriente, y que el argot ocultista de la manipulación política lo llamaron “the Territory”.
Llevo más de treinta años comerciando en los países de esas latitudes, y para los habitantes de estos países quienes no son de fiar porque son los instigadores en la sombra de todas las guerras (Líbano, Irán-Irak, etc) son los ingleses. En Irán mis amigos opinan que son los gobiernos de la Unión Europea, con la chancillería británica a la cabeza, los que sostienen el gobierno teocrático de Irán, y, a mi entender también se equivocan, porque la verdad no es nunca única.
Y claro, cada cual ve el mundo desde la perspectiva que le otorga su propia posición. Llevo más de treinta años comerciando con árabes, lo cual me ha granjeado los amigos más incondicionales y los enemigos más acérrimos. ¿Quién puede decir otra cosa de cualquier otro lugar del mundo?