El Callejón de los Milagros
Me acordé del incomparable Maguib Mahfuz, Premio Nobel de Literatura por su novela El Callejón de los Milagros, cuando volvía a El Cairo en taxi con un cliente y amigo de visitar una empresa en la zona industrial de El Sourbi, en la carretera a Ismailía, por la larga autovía elevada bautizaba por la batalla del "Seis de Octubre", y al ir a atravesar esa carismática zona llamada Viejo Cairo, donde se mezclan impresionantes testigos de las tres culturas, judía, cristiana y árabe, mi amigo exclamó estupefacto: "¿Que es eso?", "La Iglesia de San Jorge", "¿Y aquello?", "La Mezquita de Hussein". "Oye, ¿Dijiste que mañana íbamos a ver las pirámides?", "Ese era el plan, ¿no?". Mi amigo quedó unos minutos absorto por el multicolor gentío que se movia como un Nilo humano diligente y constante por entre las callejuelas no lejos de donde se desarrolla la trama de la novela de Mahfuz, y murmuró: "¿Es necesario ir a ver las pirámides?", "Para mi no", le conteste, "Yo hace más de treinta años que las ví por tercera vez, lo había organizado por ti". "¡Pero si esto es increible!", exclamó, "no había visto nada igual en mi vida. ¿No podemos desviarnos e ir ahora?". "Claro, pero se va hacer de noche en una hora y...". "Oye", me interrumpió: "¿Dejamos lo de las pirámides para otro viaje y mañana nos perdemos por ese mundo?". "Naturalmente, no lo lamentarás". "Estoy seguro", contesto.
Veinte años atrás yo había escalado la pirámide de Keops de lo cual aún conservo el documento gráfico de un articulo que me publicó la hoy extinta revista Destino, y a mi amigo pareció bastarle con mi descripción del espectáculo que se comtempla desde esas alturas, aquella misma noche mientras cenábamos a diez centímetros de las aguas del Nilo en el Sofitel Gezherah (La Isla, en árabe), porque se olvidó de aquel reclamo para turistas y se entregó en cuerpo y alma a mezclarse con aquel faqscinante ejemplo de la marea humana que circula por los barrios antiguos de Al-Qahirah.
No me gustaría ser mal interpretado porque durante muchos años sentí verdadera obsevión por las pirámides; estudié y acumulé arqueología, mística, literatura, imagineria fantástica, etc. , pero o las guías turísticas se olvidan de ese patrimonio genuino del Cairo moderno o el turista tiene un pésimo gusto o simplemente no lo tiene y se deja guiar a donde le mandan los programas. Pero como este Blog es para hombres y mujeres de negocios, pienso que puede interesarles mucho más en mundo humano que el de las piedras. Ah, y no se pierdan los escritos de Mahfuz, no tienen desperdicio
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